Los carníbales.(DON ANTONIO)

Es una comparsa gaditana del año 2019. Fue primer premio en el gran concurso del gran teatro falla.

Letra y música de Antonio Martínez Ares. Dirección de Rafael Velázquez. En el año anterior sali bajo el nombre del perro andaluz.

Presentación «Los Carníbales» (Letra)

Tarararara
Tarararara
Trararairarara
Rarairararairara
Tarararara
Tarararara
Trararairarara
Rarairararairara
Ha sonado el yunque vendito
Del amado profeta inmortal
Su tañido nos devuelve
A la cruda realidad
Nuestros dioses tienen que tienen
Un apetito voraz
Hasta aquí retumba el griterío
Se aproxima la ingente invasión
Doce meses soñando
Pero la espera acabo
Salimos de nuestra cueva
Vámonos
No te fíes de la apariencia
Y las hechuras de la ropa
Todos estos son trofeos
De muchas victimas
Su ropa
Sus cabezas disecadas
Pedacitos de su cuerpo
De toda la vida luchando
Con la reina de nuestros huesos
Puedo estar en un tablao
En una esquinita contigo
En menos de un 3×4
Seco con un estribillo
Yo no sé de sentimientos
Yo lo único que se
Que me ha pedido tu alma
Y se la pondré a los pies
De la princesita del mar
A la razón de mi cantar
La que me hace alborotar
Y revolver y descontrolar
La sangre todos los inviernos
La que me hace ser feliz
En este condenado infierno
Ya está el platillo de nuevo afilao
Ya esta ese bombo recién despertao
Ya esta el rugido del sur en la voz
Ya está rompiendo
Rompiendo el dolor
El tambor
Se abrió la veda de nuevo por fin
Hay que cumplir con el viejo ritual
Tu tienes permiso pa vivir
Y yo libertad para matar
Tu tienes permiso pa vivir
Y yo libertad para matar
Con copla, con copla
De un caníbal carnaval

En cuartos los caníbales que salen cada 12 meses con un apetito voraz. Desde la presentación, con un sonido reconocible que embauca desde su inicio, queda claro el nuevo rumbo de la comparsa.Este cambio también se traslada al pasodoble, mucho más meloso y sencillo que en los tres años anteriores, lo que hace que, a su vez, se pueda paladear mucho antes. A esto se suma una interpretación con mucho más gusto. Esta sensación queda reflejada en una primera letra de presentación, en la que 15 criminales reconocen todo lo que han cogido de los autores de la fiesta para dejar un repertorio que sale de un caldero para dejar un guiso con el que hay que chuparse los dedos. Martínez Ares le devuelve a Tino Tovar de manera magistral el pasodoble que le dedicó con ‘Volver a empezar’ para decirle que «madre» está triste al ver que ha faltado. Cuplés dispares. Mejor el segundo a los miembros de los componentes de Carnaval que se llevan y a lo que se llevaron con ‘El perro andalú’. Más soso el primero a las propuestas sexuales que les hace un terapeuta. El popurrí es para acabar perdiendo el corazón.

En cuartos hay hambre de coplas. Un repertorio para no dejar ni los huesos. Muchas víctimas seguirán cayendo en sus garras. La lucidez en las ideas se ve en los pasodobles, ambos muy diferentes -como mandan los cánones- pero los dos a un nivel excelso. A pesar de que el tema ya se ha tocado mucho, el autor consigue mostrar su particular punto de vista sobre el asunto de la bandera de España. Una enseña que no tapa un desahucio, la xenofobia con la inmigración, cuando «un tribunal machista dé a una manada el perdón», que te despidan del trabajo o «cuando sientas que tu gente ha perdido Vox y voto», por lo que alertan del regreso del fascismo . Martínez Ares se marca una segunda letra muy personal al dedicársela a su padre por sus dolencias, por lo que le dedica «un te quiero» antes de «borrarme de tu imaginación». Mucha guasa bien tirada en los cuplés. En el primero, le dicen a Antonio Martín que la Medalla de Andalucía se la tendrán que poner por los pies como si fuera un arnés. Vuelve el cachondeo -pero con ánge- por el vídeo del Vaporcito de Diario de Cádiz, por el que encuentran a los responsables de su hundimiento. La cuarteta de la carne corona un sabroso popurrí.

En semifinales tenemos un repertorio que da miedo por la presencia del grupo y por su desarrollo. Con un camino casi impoluto a lo largo del Concurso, la comparsa de Antonio Martínez Ares ofrece otra actuación de altos vuelos, aunque deja algunas sensaciones encontradas. Y es que en la misma actuación presentan una letra excelsa y otra que no causa el mismo efecto por ser excesivamente explícita. Reluce muchísimo la primera copla al «canibalismo del hogar» reflejado en la rutina de una ama de casa . Una esclava sin derechos, sin paro y sin cotizar en una sociedad que creó el hombre para sí mismo. No tiene nada que ver el segundo por lo duro que es en algunos pasajes. Un violador y asesino se confiesa ante un sacerdote, pero éste le dice que se abrace a la palabra de Dios porque los dos saben que la Iglesia ha amparado a criminales. Una referencia velada a los casos de pederastia que han sido ocultados por la Iglesia. Desiguales los cuplés. Regular el primero a los animales que se comen entre sí. Lo rematan con el nuevo bastinazo que supone agacharse y darse bocados a uno mismo. Mucho más simpático el segundo a un ronqueo de atún. Tras llegar a casa borrachos y dar un ronquido su mujer, acaban asociándolo y le comen la parpatana. Me dejan con ganas de asistir a una nueva cena.

En la gran final , pasadas las cinco de la mañana y con la Gran Final ya avanzada, sigue habiendo hambre de coplas. Caníbales que tienen mucho que comerse fuera del teatro… y también dentro. Pase para engancharse en la pelea por el premio más codiciado, sobre todo al acertar Antonio Martínez Ares al cumplir con una de sus máximas, que es cantarle a Cádiz en el cierre de los pasodobles. Esta vez sí le funciona al combinar el piropo con la crítica. Una tierra que puede ser «el meridiano de la alegría de nuestro planeta», pero que a la vez espera desde su balcón a que regresen sus hijos. Una ciudad que es una «maldita maravilla». Este relato no tiene nada que ver el primero al tirar del sentimentalismo al contar el amor de dos personas que ya se ha gastado, se sienten prisioneras entre 70 metros cuadrados. Sin embargo, esta realidad se disfraza en alegría durante el día de Reyes Magos al llegar sus hijos y sus nietos a su casa, pero a su marcha cada uno se vuelve a encerrar en su habitación. Regresa la guerra Ares-Aragón como si fuera el año 2002 en el segundo cuplé al devolverle el del camello. Maldad supina al decir que tiene un efecto secundario, que es que todas las músicas se te repiten -el que lo coja pa él-. Antes, en el primero, en su bloque todos tienen intolerancias alimentarias y un cura es directamente intolerante. El postre llegará en la calle .

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